Una sola cebolla cuesta diez euros; un kilo de tomates, más de 15. Cada pañal, tres. Son los precios desbocados a los que los habitantes de Gaza tienen que comprar, si pueden permitírselos, víveres y productos básicos. «Debemos administrar con mucha prudencia los suministros que nos quedan» para no quedarse sin nada ante la falta de ayuda externa, asegura el padre Gabriel Romanelli, al frente de la parroquia católica, en entrevista con medios vaticanos.
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