Mc 10, 35-45. Insatisfechos por no tener siempre todo lo que queremos, tratamos a veces de dominar la situación desde una posición de superioridad y de poder sobre los otros (como es el caso del elefante encadenado). Y así, tratamos de manipular a quienes son más débiles que nosotros, esforzándonos por mantenerlos al servicio de nuestras expectativas e intereses. Lo importante es darnos cuenta de que existen otros caminos para encauzar de nuevo nuestra vida y ser auténticamente grandes. Jesús se pone a sí mismo como ejemplo, pues no ha venido al mundo para exigir que le sirvan, sino «para servir y dar su vida en rescate por todos».