La desigualdad creciente es el mayor reto al que se enfrenta hoy la humanidad. Implica la exclusión o discriminación en las oportunidades de vida, es permanente y estructural, y supone un profundo deterioro en las condiciones de vida digna de las personas. Además, atenta contra todos los derechos humanos que garantizan una vida verdaderamente humana, como son el trabajo digno, la alimentación, el agua y el saneamiento, la vivienda, la salud, la educación, la participación o un medio ambiente saludable. Y afecta, sobre todo, a los países más empobrecidos del Sur global.

La desigualdad se enmarca dentro de lo que el papa Francisco llama la cultura del descarte, en la que los excluidos son «sobrantes», personas que pueden ser descartadas, como los pobres, quienes viven en barrios precarios, personas sin hogar, drogodependientes, refugiados, pueblos indígenas, personas ancianas, mujeres, niños y niñas por nacer, juventud excluida o explotada, migrantes, e incluso la creación maltratada.

La cultura del descarte surge del individualismo, fruto de la globalización de la indiferencia; una visión de la economía que prioriza la obtención de beneficios; y de un paradigma tecnocrático que considera que todo lo que es posible debe hacerse.

En Manos Unidas, sabedores de que «más» no siempre es «mejor», se apoya la idea de trabajar por sociedades más igualitarias y sostenibles, donde la inclusión de las personas descartadas y el cuidado del medioambiente son la prioridad.

En Manos Unidas se trabaja hoy y siempre para poder vivir de una manera digna, comprendiendo que nuestra prosperidad no es tal si no incluye, también, la prosperidad de nuestro prójimo. Solo así, dirigiendo nuestra mirada a los que sufren más allá de nuestras fronteras, y tendiendo una mano generosa y solidaria a los más pobres, podremos conseguir un mundo realmente próspero para todos.

Campaña

Lo que se pretende es mandar un mensaje a la sociedad: la prosperidad no debe asociarse sólo al crecimiento económico. Manos Unidas pide que se redefina el concepto. La prosperidad real es un compromiso compartido en el que el bienestar individual está ligado al de la comunidad y al cuidado del medio ambiente.

Apoyar iniciativas basadas en el modelo de la economía social, que luchen contra la “cultura del descarte” y la desigualdad. La economía debe centrarse en la producción de recursos y en la creación de las condiciones y oportunidades para que todas las personas del mundo puedan vivir de manera digna.

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