Las personas mayores no somos viejos que hay que callar ni con los que hay que cargar, sino que somos los instrumentos de Dios para aportar luz en medio de la oscuridad. Ya venimos de vuelta y sabemos que el camino por el que va el mundo nos conduce a la destrucción y enfermedad física y social. Aún estamos a tiempo y somos muchos los que sabemos dónde se encuentra la verdadera felicidad; solo nos debemos sumar.

Poseemos tesoros de sabiduría. Todo lo que hemos experimentado los que hoy tenemos más de cuarenta años, como son: las crisis económicas; las guerras; el tránsito de una sociedad patriarcal a una más equitativa; los gobiernos autoritarios y los populistas; la transformación de la Iglesia y la fe de las personas; la invasión de la tecnología y la inteligencia artificial; el cambio climático; la propagación de un modo económico eminentemente productivo, individualista, consumidor y de rendimiento; los cambios culturales y sociales; la globalización, entre muchas otras vivencias, nos posicionan en un lugar estratégico de la sociedad.

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