En el Centro de Día de Santo Domingo y el Hogar Joel Álvarez de Santa Cruz de La Palma late cada día una historia que comenzó casi sin pretenderlo: con una neverita pequeña, un café caliente y la intuición del padre José Francisco Concepción —el padre Checa— de que la isla escondía una realidad que ya no se podía ignorar. Fue en 2016 cuando una trabajadora social de Cáritas recorrió la isla entera y regresó con un dato que heló a todos: más de cien personas viviendo en la calle o en infraviviendas. Se empezó entonces a recibir a estas personas, recuerda el sacerdote, pero aquella chica le repetía: “Checa, vienen… pero vienen con frío, y no han desayunado”. Así comenzó todo.
Primero fue un café, luego unas voluntarias que quisieron preparar un desayuno más digno. Después llegaron las duchas, las lavadoras, donaciones de comida y personas que se sumaron sin esperar nada a cambio. De la neverita se pasó a un servicio de almuerzos en termos; de los termos a una cocina que hoy alimenta cada día a más de veinte personas. Lo que al principio era improvisación se convirtió en un sistema sostenido por casi sesenta voluntarios y un equipo técnico que multiplica lo imposible: una trabajadora social, dos integradoras y una Unidad Móvil que recorre barrancos, cuevas, chabolas y rincones invisibles donde se esconden quienes ya no tienen fuerzas ni para pedir ayuda.
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