Tiempo de concretar el tercer itinerario del PDP: «Una Iglesia formada y formándose. Reiteradamente el Papa Francisco nos ha recordado que la fe es un tesoro que genera alegría. Hemos sido agraciados y estamos alegres. Se nos ha concedido gustar “la alegría del Evangelio”. Este es nuestro punto de partida.
La dinámica interna a esta alegría de la fe es su transmisión, no solamente porque es un mandato expreso del Señor (Mt 28, 19-20 entre otros muchos textos), sino
porque es lo que surge espontáneamente en el corazón bueno y alegre. Desde el Vaticano II ya nos ha quedado claro que la misión eclesial compete a todos los cristianos. El bautismo capacita e impulsa a todos a ser misionero: “La vocación cristiana es, por su propia naturaleza, vocación también al apostolado” (AA 2; LG 10).
Si nosotros tenemos un tesoro que genera alegría, se nos abren posibilidades de darlo a conocer, a no ser que a nosotros la fe cristiana no nos suponga ningún beneficio, ningún tipo de salvación. Pero si vivimos la fe cristiana desde la alegría de haber encontrado un tesoro, de haber sido tocados por la gracia, entonces podemos compartir lo que a nosotros nos ayuda, tanto personalmente como comunitariamente. En momentos de soledad, de crisis, de enfermedad, de dificultades; pero también para ser felizmente familia (Amoris laetitia), para vivir un día a día ordinario pleno (Gaudete et exsultate), para hacer un mundo sostenible para todos, empezando por los pobres (Laudato Si’).