Rufino Pérez de Leceta Aguirre es parte de la historia viva de Cáritas Diocesana de Tenerife. A pesar de ser vitoriano, Rufino se considera tinerfeño de adopción, ya que permaneció en la Diócesis Nivariense 53 años y durante medio siglo estuvo vinculado a la acción social de la Iglesia en nuestra provincia. Junto a su inseparable Aurelio Feliciano, estuvo como subdelegado episcopal de Cáritas Diocesana de Tenerife durante una década, y hasta 2020 permaneció como delegado del Arciprestazgo de Tacoronte, cuando decidió regresar a su tierra natal, donde sigue manteniendo el contacto con Cáritas.

“He estado trabajando en la tarea de Cáritas alrededor de 50 años, yo creo que toda mi vida sacerdotal”, explica Rufino, que ya en los años 70 estuvo participando en la Permanente de Cáritas Diocesana, compaginando su labor con la de delegado arciprestal en los distintos arciprestazgos por los que fue pasando, también como animador en las parroquias en las que estuvo destinado. De hecho, fue así como empezó en la Casa, animando a un grupo de Cáritas en la iglesia de San Fernando Rey, donde colaboraba estrechamente “con un trabajador social que teníamos entonces en García Escámez, Domingo, y descubrimos que había poca acción en los barrios, que no había asociaciones de vecinos”.

Vocación de servicio

Fue entonces cuando se comprometieron a formar una asociación de vecinos en Chamberí y otra en García Escámez. Eso fue, precisamente, lo que le hizo decidirse por Cáritas, “por la necesidad que sentía de trabajar y vivir junto a los más empobrecidos y servirles a ellos; ese fue el lema de mi ordenación sacerdotal”, recuerda Rufino, quien insiste en que “aquello que nos decía el espíritu de nuestro Señor, “que me ha ungido para evangelizar a los pobres, para poner en libertad a los oprimidos”, era el compromiso que yo le ofrecí a Cáritas durante todos estos años”. En este sentido, el que fuera subdelegado de Cáritas expone que “los cambios producidos en la Casa los he vivido muy de cerca, y creo que con ellos se ha querido ser fiel a la tarea que debe llevar a cabo Cáritas en estos momentos si quiere responder al servicio a los más empobrecidos”.

“Quizás lo que más he echado en falta a lo largo de los últimos 10 años es la dinamización progresiva del voluntariado; ha habido una disminución grande de personas voluntarias, y la pena es que a veces nos costaba convencerles de que tenemos que estar formados para trabajar mejor en favor de los más vulnerables”. Rufino, finalmente, quiere agradecer de un modo especial a los componentes del equipo directivo de Cáritas durante el tiempo que estuvo como subdelegado, “por aquellas reuniones que teníamos todas las semanas que me enriquecieron mucho, me aportaron mucho y nos sentimos todos como una verdadera familia; también tuvimos momentos difíciles, pero los afrontamos, y con la ayuda del Señor salimos adelante”.

“Leonardo, que entonces estaba como director de Cáritas, fue un verdadero amigo al que nunca le agradeceré suficientemente todo lo que hizo por mí; me acompañó toda mi etapa, y de verdad nunca podré olvidar todo lo que me brindó”, concluye Rufino, quien pide a todos los agentes de la institución “que se mantengan con ilusión en esa tarea tan fiel al Evangelio y tan maravillosa”.

 

Artículo elaborado por Lara Ramos