Juan Carlos Carvajal Blanco.- Mes de mayo –como si fueran aves migratorias–, vemos por nuestras calles niños vestidos de primera Comunión. Los vemos en las puertas de nuestros templos, llenando los salones de los restaurantes y también, según las posibilidades de sus familias, en algún que otro parque temático.

La vida de la Iglesia

Las primeras Comuniones forman parte de nuestra cultura. Muchos padres que decidieron no bautizar a sus hijos, en cierto modo, se ven obligados a reconsiderar su decisión cuando estos les piden hacer la Comunión con sus amiguitos. ¿Qué pasa por la mente del niño?: ¿tener un día de fiesta?, ¿ser el centro de atención?, ¿vivir la sorpresa de unos regalos? ¿Participar de un «misterio»?… En cualquier caso, la presión social es tan fuerte que muchos papás y mamás, refractarios a la Iglesia, se sienten forzados a organizar una «comunión civil» para su hijo.