Arturo Sosa Abascal denuncia que el tráfico de personas es más rentable que el narcotráfico
El Superior General de la Compañía de Jesús ha reclamado que los países europeos pongan en marcha políticas de integración para los migrantes que intentan llegar al continente, a través del Mediterráneo o Canarias. El Padre Arturo Sosa Abascal destacaba que estas personas, como todos los migrantes, vienen con ganas de trabajar y recordaba la necesidad que va a tener de ellos Europa en unos años por la “crisis demográfica tremenda” que vive y la necesidad de más trabajadores.
Por eso criticaba que “algunos gobiernos hablen de lo contrario, de ver cómo logran que no se montan en la patera. El problema no es bloquearlos allí, sino generar una política para integrarlos”. En este sentido, recordaba el pasado migratorio de países como España o Italia, cuyos ciudadanos viajaron “no hace mucho tiempo” a América Latina o Norteamérica.
Arturo Sosa también lamentaba los dramas que nos deja actualmente la migración, denunciando que el tráfico de personas es más rentable que el narcotráfico: “Las pateras no son casuales. Significan grandes recursos de la mafia, personas que no tienen ningún escrúpulo y a los que no les importa nada la vida de estas personas”.
El superior de los jesuitas recordaba que hasta su país, Venezuela, acudieron muchos canarios, destacando que han sido los que mejor se han adaptado al país sudamericano. Cree que la solución a sus problemas se encuentra en los propios venezolanos, que tienen “una larga tradición de salir de abajo”. Un país que tiene una conciencia democrática muy fuerte y ahora es necesario buscar la solución porque el “pueblo venezolano tiene deseo de recuperar los espacios democráticos y de desarrollo humano integral que se han perdido”.
LA IGLESIA EN VENEZUELA
Arturo Sosa Abascal destacaba la buena salud que tiene la Iglesia en Venezuela, de donde desapareció en el siglo XIX, debido a la hegemonía de la ideología liberal y recuperó su presencia a principios del XX. Hoy tiene una presencia muy enraizada en la gente. “Como se dice en América Latina, es «popular» que significa que está metida en el interior de la gente, con una fe que va creciendo. Una iglesia estimada por la gente y por eso no siempre estimada por quien tiene que dirigir”.