INTRODUCCIÓN

Jesús, en las bodas de Caná nos habla de dos vinos: El primero es bueno, pero el último, el ofrecido por Jesús, es mucho mejor. Y nos preguntamos: ¿De verdad que el segundo era el mejor?  Jesús, al hacer aquel milagro, seguramente estaba pensando en otro vino: el que nos iba a ofrecer en su muerte: su propia Sangre.  Aquel vino milagroso estaba reservado para gozo de aquellos comensales. Pero el último vino, el más excelente, el que se ofrece cada día en la Eucaristía lo tenía reservado el Señor para ti, para mí, y para todos los miles de personas que, a través de los siglos, se acercarán a la Eucaristía. ¡Qué derroche de amor!